martes, febrero 20, 2007

NACIONALISMO, CIUDADANÍA, DEMOCRACIA (y II)


En esta segunda entrega, de recortes de un artículo publicado en CLAVES DE RAZÓN PRÁCTICA nº 169, se resalta la escasa componente “internacional” de la izquierda, justo cuando más necesaria se hace la intervención a escala mundial.

“La historia reciente resulta inequívoca: dos guerras mundiales de por medio, múltiples conflictos desatados en nombre de convicciones nacionalistas y una creciente reticencia por parte de los trabajadores nacionales respecto a los inmigrantes. El socialismo, que adquirió identidad propia desde el compromiso internacionalista, parece haber dejado ese compromiso en la esquina decorativa de sus programas. El léxico de “los intereses nacionales”, de fronteras adentro, y la estrategia de la razón de Estado, cuando las fronteras acaban, parecen haberse instalado definitivamente en las proclamas y, peor aún, en las acciones.”

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“La extendida metáfora de “la sociedad red” es un modo tosco y solemne de reconocer la existencia de una estructura compleja e interconectada de procesos que se amplifica en secuencias causales imprevistas.”

Aspectos como la globalización en el ámbito de las nuevas tecnologías de la información, aplicadas a los mercados financieros, los consumidores pueden proceder de cualquier sitio y se crean redes de transacciones regionales sin continuidad territorial. Esto supone la ruptura de la realidad espacial en la que se asentaba el poder político.

“Los retos, que sólo se pueden encarar en ámbitos planetarios, los más importantes, nunca rinden réditos electorales en los ámbitos nacionales” .... “los problemas de todos, empezando por la preservación de los equilibrios ecosistémicos del planeta, no sirven para ganar las elecciones en ningún país: nadie está dispuesto a asumir los costes de un beneficio que disfrutarán los demás”

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“La realización de la “justicia global” no puede prescindir de los instrumentos de justicia disponibles. .... su debilitamiento sólo estaría justificado en nombre de otras instituciones políticas de ámbito territorial más amplio; en ningún caso en nombre de unos derechos prepolíticos que, en realidad, constituyen caminos de vuelta hacia la dominación de los poderosos o del tribalismo. Se necesita algo más que Estados, pero los estados son el punto de partida. Mientras no existan instituciones internacionales con capacidad ejecutiva real, los estados son los únicos instrumentos con los que abordar los problemas colectivos con ciertas garantías.”

Este artículo del Profesor de la UBA Félix Ovejero Lucas es una reseña de su libro de igual título que, publicado por Editorial Montesinos y El Viejo Topo aparecerá próximamente, también en Bilbao, porque de momento no se distribuyó aquí.

Salud.

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