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miércoles, noviembre 04, 2009

Historia contra memoria


Sin entrar en la falsa polémica de la memoria histórica, un cuento para conmilitones, Jorge Martínez Reverte escribe hoy en El País un artículo memorable, (perdón por el juego).


Martínez Reverte, el Reverte “bueno”, el escritor comprometido con las libertades en Euskadi, el amigo de Mario Onaindia y de tantos vascos cabales; comprometido con la historia y la memoria, dice cosas como estas en el artículo que les recomiendo.


... a las acciones de la memoria siempre les siguen acciones en la política que acaban marcando el rumbo de cada país. Y los intereses son muchos. Tantos y tan dispares que pueden provocar una seria alteración de la idea de Europa que los países más occidentales compartían. Una idea que se comienza a ver manchada por las herencias de los odios étnicos, de las heridas sin cicatrizar y de las acciones ruines de unos y de otros.


Relata cómo cuenta el cineasta Andrej Wajda la matanza de militares polacos por el ejército ruso y que la “memoria” atribuyó a los nazis alemanes; pero también cuenta cómo historiadores han demostrado que la represión en Polonia (y en tantos otros sitios) fue algo muy civil, da cuenta de la historia de un pueblo en el que en 24 horas 1500 gentiles mataron con todo tipo de armas y herramientas (al estilo Ruandés) a los 1500 judíos del lugar.


Martínez Reverte, con esos ejemplos de todo Europa llama la atención sobre lo que estamos convirtiendo en un juego de buenos y malos, ignorando la historia y que puede llevarnos a muy malos destinos. Quiere sacar consecuencias para España y en los últimos párrafos nos advierte de los verdaderos peligros de la sacralización de una memoria particular.


En España estamos mejor. Aunque, si insistimos en el camino emprendido, no. ¿La memoria de Badajoz tiene que tapar la de Paracuellos? ¿La de Gernika tiene que tapar la del exterminio de curas en Cataluña o Castilla-La Mancha? ¿Seremos capaces de abrir la fosa de Lorca sin decir que Muñoz Seca se lo merecía?

Hay tantos aspectos oscuros en la historia que sólo la Historia puede reconciliarnos con las distintas memorias. Y hacer de Europa un sitio habitable para muchos años. Un sitio no de la memoria, sino de la verdad.


País

miércoles, septiembre 02, 2009

Setenta años

Ayer, con la excusa del 70 aniversario de la invasión de Polonia por el ejército alemán, Herman Tertsch escribía en la tercera de ABC una lección de historia y de sentido común.

Sostiene el periodista represaliado por PRISA y hoy con un espacio diario en el noticiario de la noche en la televisión pública madrileña, que la 2ª guerra mundial no comenzó ese día, que las catástrofes humanas no se desencadenan espontáneamente como las catástrofes naturales.

Destaca hechos a lo largo del período que va de 1919 a 1939 y llega a la conclusión de que la segunda guerra mundial comienza con el tratado de Versalles y otros en los alrededores de Paris en 1919.

El artículo merece ser leído con atención, pues permite sacar consecuencias importantes para el presente; en este rincón les copio el último párrafo con la esperanza de que aquí lo lean entero.

Tras un ejercicio de imaginación de cómo sería hoy Europa sin esa guerra dice:

Europa no viviría marcada por unos traumas que le impiden ser más libre y resuelta en la defensa de sus intereses legítimos. Que en parte se deben al hecho incontestable de que su libertad y su bienestar, primero en el oeste en 1945 y después en el este, en 1989, son un mérito menos propio que la responsabilidad en las tragedias provocadas por aquellas ideologías europeas. Dos hechos ciertos para concluir. Hitler fue culpable de la guerra y Polonia fue asaltada por la Wehrmacht el 1 de septiembre de 1939. Y una advertencia que quizás en nuestro país, que no estuvo directamente implicada en aquellos avatares, sea pertinente. Sólo las catástrofes naturales se producen de repente. Las causadas por el hombre -que no son sólo guerras- se gestan, muchas veces muy lenta e imperceptiblemente, por la acumulación de errores de los gobernantes, su obcecación en ignorarlos -y por tanto no subsanarlos- y por la ceguera ante sus efectos. «No pasa nada». Esa fue, era, probablemente la frase más común en aquellos años que separan Versalles de la Westerplatte.

Salud

lunes, noviembre 03, 2008

Cordura


Por ella aboga Fernando Savater en un magnífico artículo que publica hoy en El País.

Dice cosas tan sencillas como estas y otras mucho más importantes:


así me gustaría ver irse también al olvido a los hunos y los otros, como diría don Miguel, a quienes no olvidan porque su memoria viene de la ideología y no de la experiencia.

Salud

viernes, octubre 17, 2008

Cachondeo

Si me pudiera pagar los abogados de aquel alcalde gaditano, diría que eso es el auto reciente del Sr. Garzón.

No es el caso, por lo que trataré de exponer muy brevemente lo que opino de lo que he oído y algo que leí. Para una más amplia visión les invito a visitar el blog de D. Santiago González, donde la tropa de remeros habituales glosa la historia esta.

Parece ser que se va a dedicar a excavar por medio país aunque los familiares vivos de los asesinados hace ya 70 o más años digan que no les interesa para nada que a Lorca se le mueva de donde le dejaron los matarifes. Este señor Juez dice que se excave y se excavará.

Por otro lado parece como si, repentinamente, aquí nadie tuviera memoria de nada. Diríase que nunca se escribió todo lo que hay escrito sobre la guerra y el franquismo, como si, hasta justo ayer cuando Garzón decide declararse competente, estuviese prohibido enterrar dignamente a los muertos. Eso sí, ahora salimos hasta en la CNN.

El cachondeo mayor de indagar sobre el fallecimiento de Franco es digno de una buena película, entre tanto, uno se pregunta, qué memoria se le puede suponer a quien no se acuerda que Franco ha muerto.

Publica Claves de Razón Práctica en su número 186, correspondiente a este mes de Octubre, un artículo del catedrático Ángel G. Loureiro, en el que, bajo el título de Argumentos patéticos – Historia y memoria de la guerra civil, insiste, lúcidamente, en las diferencias e incompatibilidades entre memoria e historia.

Les recomiendo su lectura y especialmente el capitulo que titula Recuerdos de un pasado vacío, donde relata a modo de historia ficción “el recuerdo de lo que no sucedió” y así puede llegarse a ignorar y tachar de frivolidad el pacto político de la transición.


Copio unas frases que me parecen serias.

Tal como se la concibe, la memoria histórica está atravesada por el imaginario de una república idealizada cuyos logros y aspiraciones fueron destruidos por la rebelión militar, y cuya no victoria (lo cual no es lo mismo que derrota) en la guerra civil es otro no evento que ha dejado una huella profunda en las propuestas de recobrar la memoria histórica. Es una imagen altamente simplificada de la república, purgada de los aspectos más desagradables y purificada de los objetivos revolucionarios, no republicanos, de buena parte de los grupos y partidos que protagonizaron la lucha contra Franco en la guerra civil. Esta república idealizada no encaja con la que, todavía en 1977, en le documental La vieja memoria de Jaime Camino, Federica Montseny llama una república burguesa, un tipo de gobierno que no sólo para los anarquistas sino también para las comunistas y al menos los socialistas de Largo Caballero no era más que un paso hacia la revolución.

Les ahorro el resumen del capítulo titulado La retórica del patetismo, donde describe cómo, a estas alturas del siglo, andan señores sesudos comparando cualquier escabechina rural, debida en mayor medida a envidias y viejas rencillas, con el mismísimo holocausto, a los españoles que estuvimos cuando la transición con miedosos y olvidadizos alemanes y a los que no le vemos un buen futuro a este cachondeo de “investigaciones” con los puros nazis.

País

lunes, septiembre 08, 2008

Memoria

Ahora que andamos más que nunca enzarzados con la memoria, dichosa crisis que hace salir a las serpientes de verano para ocultar la negrura del paro acelerado, nos sale un ministro de la republica italiana y nada menos que el de defensa, diciendo en las barbas del Presidente Napolitano, que no sería honrado si no recordase a los soldados fascistas que defendieron su idea de patria frente a las fuerzas aliadas.

 

Curiosa idea esa de patria, que lo justifica todo. Está mal visto robar para comer, pero matar por la patria sigue siendo un mérito para los totalitarios de cualquier ralea.

 

Aquí seguimos dándole vueltas tras el auto del juez Garzón, y si nos fiamos de la literalidad del mismo y de los discursos de políticos como el del presidente del gobierno ayer en la montaña asturiana, pareciera que hasta la bendita fecha de la invención del gran oxímoron de la memoria histórica, estaba prohibido enterrar a los muertos.

 

No ha sido así, desde mucho antes también, pero desde la transición democrática se han publicado en España miles y miles de volúmenes sobre la guerra civil, sus antecedentes y consecuentes, en los que ampliamente se documentan, si no la totalidad de los hechos, cosa siempre imposible, si al menos los significativos. Creo que no hay nadie que se haya preocupado medianamente por la suerte de sus antepasados, que, a estas alturas, no sepa nada de ellos. De ser así, lo cierto es que ningún discurso mitinero le va a poder ayudar.

 

Me estoy enrollando indebidamente. El propósito de este post era resaltar que mientras en Italia el ministro de la defensa enaltece en un acto oficial dedicado a los partisanos, la memoria histórica de los soldados fascistas, en España el presidente del gobierno exalta en un mitin el recuerdo de las consecuencias de la lucha fratricida de hace setenta años.

 

Así estábamos hace setenta años y ahora nos tientan a que lo repitamos en nombre de una imposible memoria histórica. Si la tuviéramos realmente procuraríamos olvidar aquello, tal como ya hicimos al proclamar la amnistía.

 

Pena de país

jueves, febrero 21, 2008

Buen rumbo

El que fuera presidente del Senado durante las legislaturas de 1989 y 1993 Juan José Laborda Martín, un Burgalés de Bilbao, ha publicado un libro que recoge sus colaboraciones semanales en el Diario de Burgos, entre Septiembre de 2001 y Diciembre de 2006.

Con el título de sus colaboraciones “RUMBOS A LA CARTA”, trata temas muy diversos y casi siempre al calor de la actualidad. En el libro aparecen agrupados en siete capítulos.

Quienes tenemos la fortuna de conocer a Juanjo, sabemos de su calidad humana y política. Creo que su alejamiento de la política activa, después de muchísimos años no será ya senador, no se debe a una pérdida de su capacidad para ser una buena opción socialista en Burgos.

El libro, que no leí entero todavía, es una forma de conservar opiniones frescas que, de lo contrarío, hubieran caducado con la inmediatez de la prensa diaria. Un ejercicio práctico de auténtica memoria histórica. Recordar, recreando la historia reciente.

Hay un par de frases que le tengo leídas y que quiero compartir.

Soy español, y me he identificado siempre con esa tradición que vio en la expulsión de los judíos en 1492, la semilla de un nacionalismo asentado en un credo religioso en vez de en una idea de una patria en libertad. Pero el Holocausto asciende en la espiral del horror hasta la más terrible perfección. No destruye al judío porque cree en otro Dios; lo extermina porque le niega la condición humana. (21-04-2oo4 Recuerdo del Holocausto)

Esta otra, escrita en septiembre de 2006, creo que ya le predispone para no ser candidato y menos bajo el slogan que presenta su partido (motivos para creer), dice así:

... se valora el que haya estado convincente, no el que haya estado en lo cierto. Creo lo que dices: la fe (que es creer en lo que no vimos) sustituyendo a la razón. Este lenguaje se adueña cada vez más de todos los ámbitos: la empresa, la política, incluso en la ciencia.

El libro que está editado por Aconcagua Libros en 2007 y contiene un prólogo de Patxo Unzueta, es una buena inversión para el recuerdo de la actualidad y un análisis lúcido de la misma.

Salud

martes, febrero 05, 2008

La cuadrilla

Ese es el título de la primera novela de Pedro Morales Moya articulista y autor de diferentes libros de ensayo.

En esta novela narra, como es debido de forma algo autobiográfica, los años de la república en Vitoria vistos por un adolescente que a través de las vivencias de las cuadrillas nos da una idea fidedigna de la vida local sin rehuir las referencias al contexto histórico.

Un gran ejemplo de auténtica memoria histórica, el recuerdo de lo que vivieron las gentes de los pueblos y de las ciudades, justo ahora que tanto promociona el gobierno una memoria que rehace la realidad tapando una parte de los sucesos.

La cuadrilla narra el surgimiento entre los alumnos de un colegio vitoriano de los primeros grupos de falangistas y de nacionalistas vascos, cómo inician el enfrentamiento que presagia lo que había de llegar en julio de 1936.

Termina la novela, que se anuncia como la primera de una serie sobre el tema, con el asesinato del padre de uno de los miembros de la cuadrilla nacionalista en la cárcel de Larrínaga de Bilbao el 4 de Enero de 1937.

Hay un párrafo que cuenta los sucesos del 4 de enero y no cae en los errores graves de la ETB culpando exclusivamente a la CNT de dichos sucesos.

En las primeras horas de la tarde del cuatro de enero, los cazas de Bilbao abatieron un avión de bombardeo alemán. Uno de sus tripulantes cayó en paracaídas y fue linchado por la muchedumbre. Su cadáver fue arrastrado por las calles de Bilbao y las turbas, con el apoyo de milicianos armados, se fueron calentando. Decidieron tomar venganza a costa de los presos políticos y fueron a buscarlos por las cárceles. Indefensos como estaban los elegidos por esos bravos milicianos se vieron inmersos en un baño de sangre. Se han contado doscientos doce asesinatos. Hasta pasadas las cuatro horas, desde que las autoridades recibieron las primeras peticiones de auxilio hechas por los responsables de las prisiones, no se tomaron medidas eficaces para cortar esta sangría. El Gobierno Vasco no se mostró capaz de proteger a los presos ni de evitar esta matanza.

El libro está editado por el propio autor y a la venta en las principales librerías.

ISBN: 978-84-611-9009-6

Salud