
Hay tantos aspectos oscuros en la historia que sólo la Historia puede reconciliarnos con las distintas memorias. Y hacer de Europa un sitio habitable para muchos años. Un sitio no de la memoria, sino de la verdad.
País
Mis libros y algo del acontecer consuetudinario de la rua

Salud
Ahora que andamos más que nunca enzarzados con la memoria, dichosa crisis que hace salir a las serpientes de verano para ocultar la negrura del paro acelerado, nos sale un ministro de la republica italiana y nada menos que el de defensa, diciendo en las barbas del Presidente Napolitano, que no sería honrado si no recordase a los soldados fascistas que defendieron su idea de patria frente a las fuerzas aliadas.
Curiosa idea esa de patria, que lo justifica todo. Está mal visto robar para comer, pero matar por la patria sigue siendo un mérito para los totalitarios de cualquier ralea.
Aquí seguimos dándole vueltas tras el auto del juez Garzón, y si nos fiamos de la literalidad del mismo y de los discursos de políticos como el del presidente del gobierno ayer en la montaña asturiana, pareciera que hasta la bendita fecha de la invención del gran oxímoron de la memoria histórica, estaba prohibido enterrar a los muertos.
No ha sido así, desde mucho antes también, pero desde la transición democrática se han publicado en España miles y miles de volúmenes sobre la guerra civil, sus antecedentes y consecuentes, en los que ampliamente se documentan, si no la totalidad de los hechos, cosa siempre imposible, si al menos los significativos. Creo que no hay nadie que se haya preocupado medianamente por la suerte de sus antepasados, que, a estas alturas, no sepa nada de ellos. De ser así, lo cierto es que ningún discurso mitinero le va a poder ayudar.
Me estoy enrollando indebidamente. El propósito de este post era resaltar que mientras en Italia el ministro de la defensa enaltece en un acto oficial dedicado a los partisanos, la memoria histórica de los soldados fascistas, en España el presidente del gobierno exalta en un mitin el recuerdo de las consecuencias de la lucha fratricida de hace setenta años.
Así estábamos hace setenta años y ahora nos tientan a que lo repitamos en nombre de una imposible memoria histórica. Si la tuviéramos realmente procuraríamos olvidar aquello, tal como ya hicimos al proclamar la amnistía.
El que fuera presidente del Senado durante las legislaturas de 1989 y 1993 Juan José Laborda Martín, un Burgalés de Bilbao, ha publicado un libro que recoge sus colaboraciones semanales en el Diario de Burgos, entre Septiembre de 2001 y Diciembre de 2006.
Con el título de sus colaboraciones “RUMBOS A LA CARTA”, trata temas muy diversos y casi siempre al calor de la actualidad. En el libro aparecen agrupados en siete capítulos.
Quienes tenemos la fortuna de conocer a Juanjo, sabemos de su calidad humana y política. Creo que su alejamiento de la política activa, después de muchísimos años no será ya senador, no se debe a una pérdida de su capacidad para ser una buena opción socialista en Burgos.
El libro, que no leí entero todavía, es una forma de conservar opiniones frescas que, de lo contrarío, hubieran caducado con la inmediatez de la prensa diaria. Un ejercicio práctico de auténtica memoria histórica. Recordar, recreando la historia reciente.
Hay un par de frases que le tengo leídas y que quiero compartir.
Soy español, y me he identificado siempre con esa tradición que vio en la expulsión de los judíos en 1492, la semilla de un nacionalismo asentado en un credo religioso en vez de en una idea de una patria en libertad. Pero el Holocausto asciende en la espiral del horror hasta la más terrible perfección. No destruye al judío porque cree en otro Dios; lo extermina porque le niega la condición humana. (21-04-2oo4 Recuerdo del Holocausto)
Esta otra, escrita en septiembre de 2006, creo que ya le predispone para no ser candidato y menos bajo el slogan que presenta su partido (motivos para creer), dice así:
... se valora el que haya estado convincente, no el que haya estado en lo cierto. Creo lo que dices: la fe (que es creer en lo que no vimos) sustituyendo a la razón. Este lenguaje se adueña cada vez más de todos los ámbitos: la empresa, la política, incluso en la ciencia.
El libro que está editado por Aconcagua Libros en 2007 y contiene un prólogo de Patxo Unzueta, es una buena inversión para el recuerdo de la actualidad y un análisis lúcido de la misma.
Salud
Ese es el título de la primera novela de Pedro Morales Moya articulista y autor de diferentes libros de ensayo.
En esta novela narra, como es debido de forma algo autobiográfica, los años de la república en Vitoria vistos por un adolescente que a través de las vivencias de las cuadrillas nos da una idea fidedigna de la vida local sin rehuir las referencias al contexto histórico.
Un gran ejemplo de auténtica memoria histórica, el recuerdo de lo que vivieron las gentes de los pueblos y de las ciudades, justo ahora que tanto promociona el gobierno una memoria que rehace la realidad tapando una parte de los sucesos.
La cuadrilla narra el surgimiento entre los alumnos de un colegio vitoriano de los primeros grupos de falangistas y de nacionalistas vascos, cómo inician el enfrentamiento que presagia lo que había de llegar en julio de 1936.
Termina la novela, que se anuncia como la primera de una serie sobre el tema, con el asesinato del padre de uno de los miembros de la cuadrilla nacionalista en la cárcel de Larrínaga de Bilbao el 4 de Enero de 1937.
Hay un párrafo que cuenta los sucesos del 4 de enero y no cae en los errores graves de la ETB culpando exclusivamente a la CNT de dichos sucesos.
En las primeras horas de la tarde del cuatro de enero, los cazas de Bilbao abatieron un avión de bombardeo alemán. Uno de sus tripulantes cayó en paracaídas y fue linchado por la muchedumbre. Su cadáver fue arrastrado por las calles de Bilbao y las turbas, con el apoyo de milicianos armados, se fueron calentando. Decidieron tomar venganza a costa de los presos políticos y fueron a buscarlos por las cárceles. Indefensos como estaban los elegidos por esos bravos milicianos se vieron inmersos en un baño de sangre. Se han contado doscientos doce asesinatos. Hasta pasadas las cuatro horas, desde que las autoridades recibieron las primeras peticiones de auxilio hechas por los responsables de las prisiones, no se tomaron medidas eficaces para cortar esta sangría. El Gobierno Vasco no se mostró capaz de proteger a los presos ni de evitar esta matanza.
El libro está editado por el propio autor y a la venta en las principales librerías.
ISBN: 978-84-611-9009-6
Salud