
De los tres propósitos del anterior post, se han cumplido al ciento por ciento el de descansar y el de los paseos.
No he terminado el repaso de Cien años de Soledad, he dejado al coronel ya sosegado y además no hay fotos porque la máquina de retratar se quedó en Sopelana.
Recurro al archivo fotográfico y aprovecho para facilitar algunos datos de interés.
En el lugar habitan siete familias e innumerables jabalíes, corzos y demás.
Tras su desaparición hace muchos años (el DDT?) han vuelto las urracas.
La altitud es de 1100 metros.
El “bar de la esquina” está a diez kilómetros.
El descafeinado, con leche servida en jarra de ración, mesa de mármol y dos pantallas de plasma para el fútbol, ochenta céntimos de euro clavados.
El tiempo muy bueno.
1 comentario:
Que curioso, en mi casa siempre hubo urracas.
El temporal del ultimo invierno tiro el sauce en el que se reunian siempre a las siete en punto.
¡Que lugar precioso!
Nota: No pongo tildes por si se lee en otro lugar del mundo
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